martes, 24 de enero de 2017

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais...

Fotografía de la Nebulosa de Orión desde el centro de la ciudad de Sevilla. 10 segundos de exposición ISO1600

A raíz de una publicación que hice el pasado sábado 21 en mi muro personal de facebook, se me ha ocurrido escribir esta entrada mostrando los contaminados cielos de mi ciudad: Sevilla. Todas las fotografías están mostradas sin tratamiento alguno, es decir, tal y como salen de la cámara.

Realizadas con una exposición de pocos segundos a ISO1600,. en solo esos segundos nos damos cuenta de como nuestros hijos se están perdiendo uno de los mayores espectáculos que ofrece la Naturaleza: la observación del Firmamento. Lo mejor de la situación es que podríamos volver a conseguir que pudieran ver las estrellas con una iluminación urbana razonada y eficaz. Y lo peor es que a las "autoridades competentes" no les interesa. Cabría preguntarse si sus objetivos están dirigidos a tener entretenidos con otras cosas más "interesantes" a la población o cuales son los intereses para no cumplir la Ley que regula la contaminación lumínica.


LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA

El Cinturón y la Espada de Orión desde el centro de Sevilla. Exp: 4 segundos ISO1600


En Astronomía la contaminación lumínica se traduce como un aumento ostensible de claridad en el fondo del cielo nocturno y una pérdida de visibilidad de los objetos celestes en general. Todo ello se debe a la reflexión y difusión de la luz artificial en los gases y en las partículas de polvo presente en el aire de las ciudades. En la actualidad, la mayoría de los cielos de las ciudades nos ofrecen la Luna, los planetas y las estrellas más brillantes con una total desaparición de la Vía Láctea y sin posibilidad alguna de disfrutar de objetos de cielo profundo. Incluso con el empleo de instrumental pequeño la merma de oscuridad se hace evidente.

Pero la contaminación lumínica no solo afecta a la Astronomía, perjudica a los ecosistemas nocturnos, a la salud de humanos y animales y a sus modos de comportamiento. Es más, quizá no seamos aún conscientes de los efectos negativos que pueda tener. Eso sin contar el desperdicio energético y el coste económico que supone malgastar esa cantidad de energía mal gestionada.

Venus y Marte. 2 segundos de exposición. ISO1600


Obviamente no se trata de prescindir de la iluminación nocturna, por supuesto que no, pero sí sería fundamental que se evitara la iluminación directa a la atmósfera gestionando correctamente dichas emisiones. Se habla mucho de seguridad en las ciudades pero resulta difícil de comprender que cañones de luz dirigidos al cielo sirvan como motivo disuasorio para cualquier actividad delictiva.



PROPUESTAS Y LEGISLACIÓN







Aunque no existe una conciencia social destacada sobre el tema, si existen leyes que la regulan, otra cosa es que su cumplimiento sea efectivo.La legislación procede del año 2007 y puede encontrarse integramente aquí. Se promulgó la Declaración de la Palma por el derecho de la humanidad a la observación del cielo estrellado, declaración esta que quedó amparada con el apoyo de la UNESCO. 

Con una serie de acciones básicas se podría mejorar la eficiencia de la iluminación en las áreas urbanas. Dirigir la luz donde sea necesaria impidiendo el derroche en la dirección vertical sería lo fundamental. Es decir iluminar aquellas áreas que realmente se necesiten. Para ello se presentan como una buena alternativa el uso de luminarias apantalladas. Dichas lámparas, además, deberían ser de espectro poco contaminante, de vapor de sodio a baja presión o a alta presión pero en este último caso con una regulación adecuada de la potencia empleada. 

En cuanto a la iluminación dedicada a la ornamentación de lugares monumentales, lejos de estar en contra de ellos, se presenta una necesidad de cierta regulación, en potencia, dirección de los cañones de luz y tiempo de encendido. También los paneles publicitarios podrían emplear luces menos intensas y menos contaminantes. Algunos de ellos resultan verdaderamente estridentes.



Dos cañones de luz simultanean el cielo tras "iluminar" dos zomas monumentales de la ciudad de Sevilla



MIDIENDO LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA

Personalmente suelo medir la contaminación lumínica un par de horas antes o después de ponerse en Sol los días en los que la luz de la Luna no molesta. Uso dos métodos. El primero consiste en medir la oscurudad del cielo usando un fotómetro de alta sensibilidad diseñado por la casa Unihedron y llamado Sky Quality Meter que en una escala de 16 a 22 nos muestra la calidad del cielo nocturno. Lo dirijo al cenit y nos muestra una cifra que nos indica las magnitudes por arco segundo al cuadrado (magnitudes/arcseg^2) que es la forma de medir la oscuridad del cielo. La escala de medida se encuentra en un intervalo entre 16 y 22 magnitudes/arcosegundo^2, de tal forma que el número 16 indica un cielo pésimo y el 22 un cielo excelente. 

Por ejemplo,desde una zona céntrica de la ciudad de Sevilla  suele indicar una cifra entre 17 y 18, lo que significa que las estrellas más débiles que puedo ver a simple vista tendrían una magnitud media de 3.5. Por otra parte desde una zona muy limpia en la Sierra de Huelva alcanzo, como mínimo, 21 magnitudes/arcseg^2, es decir, las estrellas más débiles que veo a simple vista son inferiores a la sexta magnitud.





La otra forma que tengo de medir el cielo que puedo "disfrutar" de manera regular es participando en el proyecto Globe At Night. Es una forma más subjetiva pero nos puede dar una idea de la calidad del cielo del que disponemos para realizar nuestras observaciones. Es una campaña mundial que consiste en comparar, en unos días concretos del mes donde la luz lunar no moleste, unas cartas de una serie de constelaciones con lo que vemos en el cielo. Aquí se pueden encontrar instrucciones en español sobre el proyecto cuyas observaciones pueden enviarse online. Este mes aún se está a tiempo de participar pues hasta el día 28 de enero, para ello se puede comprobar cual es la calidad de nuestro cielo (medido en magnitudes de las estrellas visibles a simple vista) comparando las cartas de la constelación de Orión que ofrece el proyecto con lo que realmente observamos.


NO PERDAMOS LA ESPERANZA DE DISFRUTAR DEL CIELO

La Vía Láctea fotografiada desde la Sierra de Huelva y perdida en los cielos urbanos

La mayoría de nuestros hijos no pueden ver la Vía Láctea desde donde viven. He tenido oportunidad de hablar con niños de 7 u 8 años que no la han visto jamás. Nunca. Desde cualquier núcleo urbano es realmente difícil distinguir constelaciones completas salvo aquellas cuyo asterismo principal esté formado por estrellas brillantes. Las estrellas fugaces que podemos ver tienen que ser realmente destacadas reduciéndose muchísimo el número de estrellas fugaces visibles en alguna lluvia de meteoros importante.

En mi caso, que no siempre puedo marchar a buscar cielos realmente oscuros en mi sitio preferido de la Sierra de Huelva, tengo que conformarme con observar el cielo desde una azotea de una muy contaminada ciudad como Sevilla. Adecuo las observaciones que puedo hacer al cielo que tengo. Creo que eso es imprescindible. Por otra parte, el uso de cámaras fotográficas instaladas en pequeños telescopios con monturas de seguimiento portátiles me ayuda a seguir disfrutando de la Astronomía. También sigo observando estrellas variables, eso sí, aquellas que son brillantes y que además suelen estar poco seguidas. Mi panorama es desalentador pero no pierdo la esperanza en seguir observando el cielo mientras pueda. Es lo que he vivido desde pequeño. Es más, mientras existan niñas de 15 años como Alyssa Carson que quieran viajar a Marte, yo seguiré subiendo a la azotea a fotografiar el cielo y a hacer las observaciones que pueda. Y con mis niños, por supuesto, esperando que su generación pueda seguir disfrutando el cielo y no le tengan que decir a mis nietos aquella memorable frase que el replicante Roy Batty le dijo a Deckard en la fantástica película Blade Runner: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais..."

miércoles, 18 de enero de 2017

Una preciosa conjunción para el amanecer del 19 de enero

La Luna, Júpiter y Spica

Antes del amanecer de la gélida mañana del jueves 19 de enero podremos disfrutar de una preciosa conjunción en el horizonte Sur. Los protagonistas de ella serán la Luna, el planeta Júpiter y la estrella más brillante de la constelación de Virgo, Spica. El conjunto de los tres cuerpos, un satélite natural, el gigantesco planeta gaseoso y la estrella se alzará a unos 45 grados de altura sobre el horizonte hacia las siete de la mañana hora peninsular española, (6h00 en Tiempo Universal).

Amanecer del día 19 de enero de 2017

La Luna se encontrará casi en el cuarto menguante con una superficie iluminada del 56%. Dos grados al sur de ella (como cuatro veces el diámetro de la Luna Llena) nos encontraremos el precioso planeta Júpiter, brillando blanquecino con magnitud -1.6. Si tenemos oportunidad de observarlo con unos pequeños prismáticos lo observaremos con tres satélites sobre el limbo este, estos tres satélites serán, por orden, Io, Europa y Calixto. El cuarto satélite, Ganímedes en ese momento estará emergiendo de la disco iluminado del planeta.


Si partimos desde Júpiter hacia el sur veremos a 3 grados y 40 minutos (una distancia comparable a algo más de siete veces el diámetro de la Luna Llena) nos encontraremos con una estrella blanco-azulada. Se trata de la estrella Spica (Espiga), la más brillante de la constelación de Virgo que brilla con magnitud 1.0 y separada de nuestro planeta 260 años luz.

Aunque haga frío, y la hora sea algo intempestiva, si tenemos los cielos despejados no perdamos la oportunidad al menos de aomarnos a la ventana y observar el espectáculo. Aún si vamos de camino al trabajo nos la encontraremos y sabremos identificar lo que estamos observando: otro de eso que suelo llamar, cuadros en el cielo. Seguro que nos alegrará la mañana.



domingo, 18 de diciembre de 2016

Noches de Paz



Disfruta estos días del cielo. Cuando se haya puesto el Sol, mira al Oeste, verás un objeto muy brillante. Es el planeta Venus. Tras el Sol y la Luna, es el cuerpo más brillante de cuantos puedes ver en el cielo. Es como el hijo entre dos padres que nos iluminan el día y la noche. Fíjate bien en él y disfruta de ese momento. Es precioso. Ahora mira un poco más arriba, verás un punto rojo, modesto, brillante e intrigante. Es otro de nuestros hermanos del Sistema Solar: el planeta Marte. Otro de los hijos de la preciosa familia que nos alumbran los cielos. Venus y Marte se irán acercando durante todos estos días navideños. Obsérvalos.

En el primer día del año, la madre, la Luna, como salvaguardando a sus hijos tras el fin de año se situará al sur de Venus, y al día siguiente estará entre medio de los dos mostrándonos con un pequeño creciente lo encantadora que es. Será una magnífica forma de empezar el 2017.

Atardecer del día 1 de enero de 2017

Atardecer del día 2 de enero de 2017

Ahora mira al Este. Esa parte del cielo no tiene desperdicio en estas fechas. Existen muchas estrellas brillantes en esa región. Desde el horizonte empieza a emerger la preciosa constelación de Orión. Es tan bonita que le llaman la Catedral del Cielo, incluso incorpora una Capilla Sixtina en ella. Al norte de la constelación verás una estrella roja, Aldebarán, la estrella más brillante de la constelación del Toro, y un poco más arriba de ella un pequeño conjunto de estrellas visibles, las Pléyades. Un auténtico recuerdo de mi afición. Cuando las ves, siempre te sacan una sonrisa. Más hacia el norte y alta sobre el horizonte se sitúa la constelación de Auriga con su forma de pentágono y su brillante estrella Capella. Abajo de Auriga, los hermanos celestes, los Gemelos (Geminis) saludando al observador desde el horizonte.

El horizonte este en las primeras horas de las noches de Navidad

A veces los amaneceres tienen más encanto que los atardeceres. A mi me gusta mucho observar el cielo en las últimas horas de la madrugada. Aún desde la ciudad. El cielo está más limpio y el silencio te sirve de compañía. Si puedes hacerlo en estos días, o has de madrugar por tus obligaciones, fíjate bien el cielo del Sur. Verás un objeto brillante junto a otro más débil. El más brillante, blanco y marcado, es el planeta Júpiter. Nuestro hermano mayor en el Sistema Solar. Se sitúa al norte de la estrella más brillante de la constelación de la Virgen, su nombre es Espiga (Spica), espiga de trigo para los griegos y Ceres, diosa de la agricultura para los romanos. En el amanecer del día 23 de diciembre la Luna se situará muy cerca de Júpiter y Spica. Un bello cuadro en el cielo navideño.


En el cielo Sur, Júpiter y la estrella Spica. En el amanecer del día 23 podremos ver junto a ellos a la Luna.


Mirar al cielo supone transportarnos en el tiempo y en el espacio. Genera paz y tranquilidad. Nos hace pequeños pero, a la vez, nos hace grandes. Nos permite, además, compartir con todos los de nuestra misma especie el espectáculo que ofrece y todo lo que ello conlleva. Y no solo eso. Su observación genera amistad, afinidad, belleza, armonía, compañerismo e incluso amor. Jamás perdamos la oportunidad de observar el cielo. 

Disfruta también de estos días, cualquiera que sea la excusa. Déjate ir. Aunque sea solo un instante. Comparte un rato con quien quieres y con quien te hacen feliz. Si puedes, mira el cielo con ellos. Y si no, siempre te quedará el cielo para que lo admires. Tu que lees esto, recibe, de todo corazón, mis más sinceros deseos de Felicidad para la Navidad que se presenta y que en el próximo 2017 dicha Felicidad no nos abandone en ningún momento. Disfruta siempre del Firmamento estrellado, siempre te asegurarán unas fantásticas Noches de Paz.



martes, 13 de diciembre de 2016

Tycho Brahe: El hombre que no vivió en vano

Un 14 de diciembre de hace 470 años nacía en Knudstrup, (actual Suecia) uno de los astrónomos más importantes de la Historia y un impulsor de la Revolución Científica. La observación de un eclipse de Sol le inspiró a estudiar Astronomía alejándose de las obligaciones propias de la nobleza. Excéntrico, inteligente y vividor, sus precisas observaciones sirvieron para la base matemática que ideara un genial Kepler y que sirvieran de sustento a la teoría de que la Tierra girara alrededor del Sol, la teoría heliocéntrica.







1.- TYCHO


Tycho (o Tyge) Brahe nació el 14 de diciembre de 1546 en Knudstrup, Escania; hoy Suecia pero entonces perteneciente a Dinamarca. Hijo del gobernador del castillo de Helsingborg, fue apadrinado por su tío Joergen el cual era un gran terrateniente y vicealmirante que había mostrado a su hermano sus deseos de apradinar uno de sus hijos, cuando los tuviera, y adoptarlo hasta el punto de considerarlo como hijo suyo. El gobernador le prometió a su hermano que así sería pero un incidente vino a postergar la promesa. La madre de Tycho Brahe dio luz a gemelos, y uno de ellos murió. Así, y como era de esperar, la situación cambió, y no fue hasta que Brahe tuvo un hermano cuando pasó a ser adoptado por su influyente y acaudalado tío.

En 1559 fue enviado a la Universidad de Copenhague, Dinamarca, para iniciar su educación. Estudió  primeramente Derecho y Filosofía como correspondía en esos tiempos a su condición nobiliaria y como procedía para acceder a sus futuros cargos estatales. Todo iba bien, con un futuro prometedor y resuelto. Hasta que un suceso vino a cambiarle su orientación y visión de la vida.

El eclipse de Brahe
El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente  admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, acababa de sentir que los sucesos astronómicos le habían despertado un tremendo interés. La observación del fenómeno celeste le había resultado realmente maravillosa. Apasionante. Fue entonces cuando comenzó a adquirir libros sobre Astronomía, leyendo sin demora, y de manera particular, a Tolomeo. No obstante, los estudios había que continuarlos y dos años más tarde fue enviado por su tío a estudiar a la Universidad de Leipizg. (Como curiosidad la línea de totalidad del eclipse pasó por buena parte de Andalucía).

Su tío Joergen observaba que la afición a la Astronomía de su sobrino tendía a alejarle del verdadero cometido nobiliario. La Astronomía no era una profesión adecuada para un noble así que le puso bajo la tutoría de Anders Vedel quien, a la sazón, era uno de los grandes historiadores daneses. Para desgracia de su tío y para el bien de la Ciencia, el muchacho no dejaría su pasión por la Astronomía en ningún momento y Vedel desistió de la vigilancia encomendada un año después.

Tablas Alfonsíes en las que se basó Brahe
En agosto de 1563, cuando tenía dieciséis años, Tycho volvió a observar otro fenómeno celeste que le dejó perplejo. Esta vez se trató de una conjunción entre Saturno y Júpiter. El fenómeno no tendría más trascendencia sino fuera porque se dio cuenta de que las tablas alfonsíes -las vigentes por entonces- predecían el acontecimiento con un mes de retraso. Fue entonces cuando el joven decidió definitivamente su futuro dando un paso importantísimo comprobando de inmediato que había que realizar las observaciones con muy buena precisión, mejorando todas las que hasta entonces se habían realizado. Para ello debían usarse instrumentos lo suficientemente exactos como para realizar éstas observaciones y así corregir las tablas astronómicas de su tiempo. Si Tycho no descubrió nada, ya con darse cuenta de la falta de precisión que existía en las observaciones, lo descubrió todo. Con el tiempo el gran astrónomo danés se convirtió en un fanático por la exactitud. 

Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar, y mucho. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó.  Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el  heliocéntrico. Según éste, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se  habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus, (al que Brahe le acusó en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584), y también por un tal Helisaeus Roeslin. 

Tycho prosiguió sus estudios en distintas universidades, pasó por Wittenberg, Rostock, Basilea y Ausburgo. Aumentaba constantemente su colección de instrumentos astronómicos así como sus conocimientos matemáticos. En 1565, durante su época universitaria, se batió en duelo con un joven danés como consecuencia de una riña que, supuestamente, tuvieron por saber quien sabía más sobre Matemáticas. El tiempo probablemente le dio la razón al astrónomo pero también le marcó con el puente de la nariz rota, puente que hubo que sustituir con una placa de metal y que continuamente necesitaba untar con un ungüento. Este episodio de la historia parece contener, no obstante, cierto aire legendario.


2.- LA NUEVA ESTRELLA

Posición de la Supernova de Tycho (señalada como I)
Tras acabar sus estudios Tycho regresó a su Dinamarca natal. El 11 de noviembre de 1572 volvía del taller de alquimia de su tío y en el camino hizo algo que muchos de los aficionados a la Astronomía hemos hecho en más de una ocasión: lanzar una mirada al cielo. Quedó fascinado. Observó en la constelación de Casiopea una estrella muy brillante, incluso superaba el brillo del planeta Venus. Estaba asombrado; no se lo creía. Para superar su incredulidad llamó a varios campesinos para que certificaran que su observación no era una ilusión. La inmutabilidad de los cielos propuesta por Aristóteles indicaba que todo los cambios que ocurrían en el cielo se producían a partir de la esfera inmediatamente inferior a la Luna y eran considerados pues como fenómenos meteorológicos. Esta doctrina llevaba siglos imponiéndose y por tanto una estrella nueva en el cielo resultaba, cuanto menos, incómoda. De hecho, Plinio, en su Historia Natural , nos cuenta que Hiparco -otro grandísimo observador ya comentado en el blog- vio un suceso similar en el año 125 a.C., pero, como correspondía a la doctrina aristotélica, fue considerado como un suceso atmosférico y no tuvo mayor trascendencia. Pero en el caso de Tycho no iba a querer la Historia de la Ciencia que fuera así. 

Preciso Sextante de Tycho
Los astrónomos de la época, encabezados por Brahe, creyeron que las líneas de investigación a seguir debían seguir dos rumbos, por un lado observar si la estrella se movía y por otro intentar calcular su distancia. No estaba mal planteado si nos paramos a pensar. Observadores como Michael Maestlin (antiguo profesor de Kepler y destacado por su impresionante agudeza visual) y Thomas Digges, usaron hilos de tela para demostrar que la estrella no se movía. Brahe, en cambio, usó un preciso sextante siguiendo la búsqueda de datos exactos consecuencia de sus observaciones de años atrás. Tycho llegó a la misma conclusión. Además, durante el año y medio que la estrella fue visible en los cielos intentó calcular la distancia por el método del paralaje (un método que usa la trigonometría para el cálculo de las distancias) y comprobó que la estrella no mostraba paralaje alguno formando parte, por consiguiente, de las estrellas fijas.

La estrella se había convertido, tras la admiración, en un problema: ni se movía ni estaba cerca. Tycho no
solo acababa de descubrir una supernova (de la que hoy podemos ver sus residuos) sino que le daba un mazazo tremendo a toda la doctrina aristotélica. Fue entonces cuando Tycho comprendió que sus observaciones debían ser publicadas, aunque no era esto una tarea precisamente de nobles en aquella época y ni siquiera resultaba bien vista. No obstante el astrónomo lo consideró oportuno y publicó en 1573 un librito llamada "Nova Stella" en la que, además de indicar la inmovilidad de la nueva estrella, dio por primera vez el nombre de NOVA a este tipo de estrellas. El librito se iniciaba con unas cartas introductorias, seguía con unos almanaques, unos diarios meteorológicos y astrológicos (sí, también Tycho se dedicó a esto), unos versos, y el resto, unas veintisiete páginas, contenían las explicaciones sobre la nueva estrella y los instrumentos utilizados para observarla. Tycho, "el fenix de la Astronomía", como le llamaba Kepler, se había convertido, pese a su juventud, en el astrónomo más importante de su tiempo. Y desde luego, no sin razón.

3.- URANIBURG 

Tycho tenía una aptitud nobiliaria curiosa. Como él mismo diría, su vida la hacía entre "caballos, perros y lujo" aunque esto pueda considerarse como una queja, la segunda parte de su vida transcurrió en el mismo ambiente pero agrandado con majestuosas comidas y grandes borracheras. Por otra parte, Tycho optó por una profesión no adecuada para un noble, la de astrónomo, desechando de ésta forma su futuro político y además, se casó con una campesina (para colmo sin pasar por el altar, un auténtico escándalo es esos tiempos). De todas formas su afán por realizar observaciones meticulosas no cesó ni un sólo momento y al final de su vida se comprobó que el camino elegido había sido el correcto.


La Ciudad de Urania
Tres años después de la aparición de la nueva estrella, Tycho tenía ya noticias de contar con la gracia del rey Federico II y con buena parte de la aristocracia danesa. Se dedicó a viajar -uno de sus placeres- para ver a sus amigos de Frankfurt, Basilea, Wittemberg, Venecia y Cassel. Precisamente en Cassel estaba instalado su amigo Guillermo IV, el landgrave (importante título nobilidario) del rey Federico II, quien también era astrónomo o, al menos, disponía de un observatorio astronómico en su ciudad. Fue precisamente el landgrave quien intercediera con el rey para que Tycho pudiera disponer de un observatorio adecuado. Federico II aceptó la oferta realizada por el landgrave y decidió ofrecerle varias zonas en las que Tycho pudiera asentarse pero éste, meticuloso como él mismo, no aceptó. De manera que decidió quedarse en Basilea, así que, ante la negativa del astrónomo, el monarca optó por entregarle una isla entera, el mando para gobernarla y una suma anual de dinero que se situaba entre las más altas de toda Dinamarca. La oferta era irresistible y Tycho aceptó marcharse a su nuevo lugar: la isla de Hven, situada entre Suecia y Dinamarca, y a la que posteriormente llamaría Uraniburg, la Ciudad de Urania.

Uraniburg debía ser un sueño. Un lugar para imbuirse en el Universo entre medio de un remanso de paz y estímulo. Tycho, como no podía ser de otra forma, se hizo con los servicios de un arquitecto alemán para realizar su excéntrica ciudad estelar. Veamos un relato que nos hace Arthur Koestler del impresionante observatorio:: 


 "[...] Fachada renacentista coronada con un domo en forma de cebolla  flanqueada por torres cilíndricas, cada una de ellas con un techo móvil que albergaba los instrumentos de Tycho, y rodeada por galería de relojes, cuadrantes solares, globos y figuras alegóricas. En el sótano se hallaba la prensa de imprimir de Tycho, abastecida por su propio molino de papel, su horno de  alquimista, y una prisión particular para arrendatarios indóciles."




Vista "aérea" de Uraniborg
Fue una construcción costosísima en la que hoy día se me ocurre que sólo faltaría Dalí para adornar con lienzos surrealistas las paredes del observatorio. Disponía en el interior de su biblioteca de una esfera de un metro y medio de diámetro en la que iba grabando cada una de las estrellas con una precisión incalculable para la época. De hecho, Tycho realizó un catálogo indicando las posiciones precisas de 777 estrellas, añadiendo posteriormente 293 estrellas -no tan precisas- con las que conseguía un catálogo de 1000 estrellas, un número redondo. Más tarde, embarcado en su excentricidad, Tycho construyó otro observatorio. Esta vez subterráneo al que llamó Stjoerneburg, la ciudad estrella, con el que protegería a sus instrumentos de las vibraciones que causaba el viento.

El Gran Cometa de 1577 (George Jacob Daschitzky)
Una vez instalado en su observatorio, Tycho observaba todo lo que podía. Vigilaba el cielo constantemente.

En 1577 apareció un cometa en el cielo que le sirvió a para dar un nuevo golpe a la teoría aristotélica y, por añadidura, a él mismo: aún creía en la teoría geocéntrica de Tolomeo. Fue el Gran Cometa de 1577. Con sus instrumentos, que seguían siendo los mejores para la época y apoyado por su increíble agudeza visual, observó que la paralaje del cometa indicaba que estaba más de seis veces más distante que la Luna y, además, creyó en la posibilidad de que el cometa tuviera una órbita distinta a la circular algo que no cuadraba para nada con la concepción cosmológica que regía en aquellos tiempos y en la que él aún creía. Si la órbita del cometa era como él creía, el viaje que a través de dicha órbita emprendiera el cuerpo celeste destrozaría todas las esferas aristotélicas. Tenía que pensar una solución. El sistema en el que confiaba se revolvía contra él mismo. 

4.- EL NUEVO SISTEMA


En la faceta astronómica Tycho Brahe hizo multitud de observaciones astronómicas que le permitieron detectar que los movimientos lunares variabancalculó la longitud de un año con un error que no llegaba a un segundo, y observó todos los movimientos planetarios. Por lo demás en la isla de Hven se sucedían todo tipo de visitas de aristócratas y gobernantes, en un devenir de grandes cenas, dispendios, todo tipo de lujos y con su bufón Jepp haciendo payasadas constantemente. En la sombra, los antiguos habitantes de Hven pasaron a ser tratados con mayor dureza a medida que pasaban los años desde la llegada del astrónomo a la isla. A veces cruelmente. Brahe llegó a tener acongojado hasta al propio rey Federico II del que se mofaba cada vez que creía oportuno y los efectos del alcohol hacían mella en él. Entretanto, buscó las soluciones a su nuevo sistema.


Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar, y mucho. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó.  Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el  heliocéntrico. Según éste, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se  habían propuesto por Reymers Bear, el ya mencionadoUrsus  y también por Helisaeus Roeslin. 


Brahe desarrolló una apasionada carrera astronómica pero aún le esperaban nuevos destinos y nuevos "amigos"...


5.- PRAGA


Con un nuevo sistema cosmológico en su cabeza y con muchísimas y exactas observaciones en sus cuadernos, Tycho iba a dejar cultivado el terreno para el florecimiento de una nueva etapa de la ciencia astronómica.

La Isla de Hven y el observatorio de Brahe en la actualidad
En 1588 Federico II, quien le aguantaba todo lo inaguantable a Tycho, murió. Su sucesor, Christian IV no iba a ser tan condescendiente con el arrogante astrónomo. Y no lo fue. Harto de soportarlo durante los primeros años de su mandato y repleto de protestas por los maltratados habitantes de Hven, Christian IV le llamó la atención a Tycho y empezó por bajarle sus emolumentos. Ante esto y tras 22 años en la isla de Hven, donde realizó sus "viriles, precisas y absolutamente exactas" observaciones, Tycho decidió abandonar Dinamarca no sin antes expresar su malestar al rey. 

Inició su periplo viajero con toda su corte de familiares, sirvientes y por supuesto con su enano Jepp. Comenzó por tierras alemanas y en 1599, invitado por el emperador Rodolfo II llegó a la ciudad de Praga. Realmente acabar en Praga se debió a la amistad que tenía con el médico Tadeáš Hájek, quien era un gran amigo y valedor de Tycho además de médico de Rodolfo II. El emperador decidió, por tanto, alojarlo en el castillo de Benatek situado a una treintena de kilómetros de la hoy capital checa y lo nombró matemático imperial. Pero en Praga no todo fue como en Hven. Rodolfo II le había asegurado 3000 florines anuales para que se quedase allí (además de, evidentemente, ofrecerle el castillo) pero dicha cifra apenas llegaba a la mitad de los honorarios que percibía en Hven. Tycho empezó a preparar sus trabajos astronómicos pero no tenía aún el instrumental para realizalo. El encargo de Tycho a la corte del emperador para que sus instrumentos llegaran a Praga cada vez se hacía más de rogar, la tardanza era excesiva y todo esto provocaría contínuas desavenencias.  Pero lo que Tycho esperaba con más ansiedad estaba aún por aparecer.

6.- EL INVITADO

Kepler viajando a Praga. (Serie Cosmos)
Entre 1595 y 1596, cuando aún continuaba vigente la pelea por la autoría del nuevo sistema cosmológico entre Tycho y el que también fuera matemático imperial de Rodolfo II, Ursus (Nicolaus Reimers), Johannes Kepler acababa de publicar su Mysterium Cosmographicum. Kepler optó por enviar, sin saber de la pelea entre ambos astrónomos, un ejemplar a cada uno. Mientras que Kepler nunca recibió respuesta de Ursus (pero que en cambio usó los escritos de Kepler en su propio beneficio antes de morir), Tycho, sabiendo de la valía del joven astrónomo, fue más  ávido y le indicó que aplicara sus descubrimientos geométricos a su sistema, instándole a visitar y quedarse en Praga con él. Eso fue a principios de diciembre de 1599. Kepler llegó a Praga a mediados de enero de 1600 después de un tortuoso y lamentable viaje desde Gratz. Jamás olvidaré las escenas de la hija de Kepler y de su atormentada y enferma mujer que de manera exhuberante se refleja en el capítulo tercero de la magistral serie Cosmos del gran divulgador Carl Sagan.

Cuando Kepler llegó a Praga con su familia no pudo tener peor recibimiento. El gran astrónomo Brahe no había prestado atención en recibirle y tuvo que conformarse con ser guiado por el hijo mayor del astrónomo danés, Christian Sorensen, latinizado como Longomontanus, y el junker de Brahe, un tal Tengnagel, quienes procuraron emplear la mayor antipatía posible con el nuevo invitado. Varias semanas después de la llegada Brahe recibió a Kepler.

Pero las hostilidades no terminaron con el recibimiento. La antipatía del hijo de Tycho por Kepler fue paulatinamente convirtiéndose en odio. Máxime cuando Tycho le había encomendado a su hijo la tarea de estudiar Marte, trabajo éste que le fue arrebatado en favor de Kepler quien, en ese momento,
estudiaba el planeta Júpiter. Kepler, halagado y olvidándose de todo lo anterior, le prometió a Brahe que en tan solo ocho días solucionaría todos los problemas que daba la órbita del planeta.

Kepler comenzó a trabajar de inmediato y pronto se dio cuenta que ocho días no iban a solucionar ni la parte más ínfima del problema. En su fuero interno Kepler quería usar los datos de Brahe (los mejores existentes) para construir su propio sistema del universo, los sólidos pitagóricos y la armonía de los mundos debían encajar con las observaciones. Brahe también sabía eso. Y no solamente esto, sabía que no iba a resistir mucho tiempo para crear su sistema semigeocéntrico.

Monumento a Brahe y Kepler en Praga
Ambas ideas no cesaban de aparecer en la mente de Brahe, quien consciente del problema, decidió enseñar a pescar a su discípulo pero no sin dificultades. No ayudaba para nada a Kepler. Es famosa la cita de Kepler al respecto: "Tycho no me daba ninguna oportunidad de compartir sus experiencias. Lo único que conseguía era que en el transcurso de una comida y mientras hablábamos de otros asuntos, mencionara [Brahe], como de pasada, hoy la cifra del apogeo de un planeta, mañana los nodos de otro".

La tensión entre Kepler y Tycho iba en aumento. En abril de 1600 Kepler decidió irse de Praga y abandonar el castillo de Benatek manifestando que la vuelta requeriría, al menos, cumplir los compromisos iniciales en cuanto al dinero, al modo de trabajo y a las condiciones humanas. Kepler no quería más humillaciones. A pesar de todo el carácter de Kepler,tuvo que guardar su razonable orgullo y pedir disculpas al noble. El danés, altanero, decidió aceptarlas y en una muestra de necesidad interior fue a Praga para volver a llevar a Kepler a su propio castillo. Kepler consiguió, por añadidura, todos los datos de Marte. Tenía vía libre y, en años sucesivos, lo demostraría, llegando a ser uno de los más grandes baluartes de la Revolución Científica


7.- NE FRUSTA VIXISSE VIDEAR 

La cantidad inmensa de observaciones realizadas por Tycho después de tantos años y en antos lugares cesaron en octubre de 1601 de forma inmediata. El que había sido su discípulo durante dieciocho meses y que sería su sucesor en el cargo de matemático imperial, nos cuenta el fin de Brahe. Nadie mejor para conocerlo que el propio Kepler:


El 13 de octubre, Tycho Brahe, en compañía del maestro Minkowitz, acudió a cenar en casa  del ilustre Rosenberg, y retuvo sus aguas más allá  de lo que exige la cortesía. Al beber más,  sintió que la tensión de su vejiga se incrementaba, pero puso la educación por delante de su salud. Cuando regresó a su casa, apenas fue capaz de orinar...

Tras cinco noches sin dormir, seguía sin poder soltar su agua sin experimentar grandes dolores, e incluso así la evacuación era difícil. El insomnio prosiguió, con fiebre interna que desembocó gradualmente en delirio, y la comida que comía, y que no podía retener, exacerbaba el mal. El 24 de octubre, su delirio cesó durante varias horas, la naturaleza venció y expiró pacíficamente entre los consuelos, plegarias y lágrimas de su gente. 

Como correspondía a un gran noble, Tycho Brahe fue enterrado en Praga en una ceremonia grandiosa en su honor. Lamentablemente todo su instrumental astronómico y que había servido para acceder a tantos datos celosamente guardados por la naturaleza quedó viejo, inutilizado, y fue quemado durante la Guerra de los Treinta Años.

En los momentos delirantes de sus últimos días, Tycho no paraba de repetir, una y otra vez, una frase que pasaría a la historia como símbolo de lo que había hecho y lo que quería que se hiciese: Ne frusta vixisse videar: Que no parezca que he vivido en vano. La ciencia astronómica no sólo sabe que Tycho no vivió en vano sino que le debe buena parte de su historia futura.



NOTA PERSONAL:

Las vidas y trabajos de Tycho Brahe y Johannes Kepler siempre me apasionaron. Reconozco que Kepler es mi astrónomo favorito y, de paso, mi científico. Quizá porque supo darle paso a la verdad aún cuando ésta era contraria a sus propios pensamientos, ideas y convicciones. Existe mucho material buenísimo e impactante sobre ese tema. Con independencia del tercer capítulo de la serie Cosmos aconsejaría varias lecturas: la biografía de Kepler desarrollada por Max Caspar, la espectacular "The Lord of Uraniborg" de Thoren y por supuesto el fantástico libro escrito en 1959 "Los Sonámbulos" de Arthur Koestler el cual desarrolla, en algunos pasajes, la historia de estos dos científicos. En él me he basado para hacer esta entrada. Koestler desapareció por iniciativa propia. Sin duda, él tampoco vivió en vano...