Esta entrada se publicó en el otoño de 2010 con buena acogida por parte de los lectores. Por una sugerencia particular he querido actualizarla y publicarla de nuevo. Me consta que el blog tiene más lectores más que en su momento y se puede aprovechar para dar a conocer -o recordar- este fantástico Grupo de Estudios Astronómicos que se originó en aquellos maravillosos años 80.
| Cabecera de las publicaciones del GEA con el logo original |
Corrían los años 80. De los radiocasetes salían músicas de Mike Oldfield, Alan Parsons, Roxy Music, Jean Michel Jarre. El tecno empezaba a reventar con Depeche Mode o Yazoo y el pop hacía las delicias de todos, o casi todos con Mecano, Radio Futura,... Los cielos no estaban tan apagados como ahora, podías ver las constelaciones casi completas en una ciudad como la mía, Sevilla, y todavía vivíamos del recuerdo memorable de la exhuberante Cosmos, de Carl Sagan.
Precisamente ésta última serie me hizo acercarme a la Agrupación Astronómica Albireo. Allí, "apadrinado" por José Antonio Pleguezuelo, y con el Halley pisándonos los talones, conocí a dos jóvenes más -si digo que éramos chiquillos no me confundo mucho-, José Luís Guisado y José Gómez Castaño (Pepe Castaño para mi padre...). Los tres empezamos a mostrar interés por las estrellas variables.
Precisamente ésta última serie me hizo acercarme a la Agrupación Astronómica Albireo. Allí, "apadrinado" por José Antonio Pleguezuelo, y con el Halley pisándonos los talones, conocí a dos jóvenes más -si digo que éramos chiquillos no me confundo mucho-, José Luís Guisado y José Gómez Castaño (Pepe Castaño para mi padre...). Los tres empezamos a mostrar interés por las estrellas variables.
Un viernes por la tarde de un otoño en el que caían algunas gotas de lluvia llegué a la Agrupación y en su biblioteca acababa de encontrar una Circular (con mayúsculas porque aquello si que era una publicación) de una asociación que no conocía: El Grupo de Estudios Astronómicos. Eran catalanes y parecía tener su "sede" en Cerdanyola del Valles (Barcelona). Abrí la extensa colección de folios grapados y encontré que allí se hablaba de observar Dseta Geminorum, Lambda Tauri, Beta Persei,... todo ello en hojas no mecanografiadas no, sino ¡hechas con ordenador! y con una maquetación sencilla y a la vez excelente para la época. Recuerdo que tenía un logotipo que después me recordó al cúmulo de la percha, ese cúmulo que tanto me gusta, el Collinder 399. Estos aficionados a la Astronomía no observaban por observar si no que lo hacía metódicamente y persiguiendo un fin científico. Imaginaros lo que eso significaba para un adolescente al que la luz de las estrellas le había comenzado a llegar a sus ojos y abierto la curiosidad definitivamente.
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| Curvas de Luz (GEA) |
descubrí que podía contribuir un poco a la ciencia siendo meticuloso en las observaciones y dejándome llevar por un programa de observaciones verdaderamente preparado y con ciertos aires de profesionalidad, ¡y podía hacerlo incluso desde la azotea de casa!. Escribí al Grupo y tan rápidamente como obtuve respuesta empecé a colaborar con él. Eran los tiempos de observadores como Jordi Aloy, Carles Schnabel, Juan Manzorro, Joan A. Cano, Enrique García y de por supuesto el alma mater del grupo, el amigo Josep María Gómez-Forrellad.
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| Logotipo "moderno" |
El GEA fue un grupo donde el trabajo en equipo se hacía visible en toda su extensión. Podías observar, realizar programas informáticos, dedicarte a la técnica instrumental,… una auténtica tarea multidisciplinar. El éxito del grupo se vio reforzado con la aplicación innovadora por parte del aficionado de la fotometría fotoeléctrica para el estudio de variables, lo cual redundó en descubrimientos y publicaciones de alto nivel en revistas especializadas. Con el transcurso de la década de los ochenta la observación visual fue desestimada ante la exactitud de la fotometría fotoeléctrica y con la incipiente aparición de los detectores CCD, desviándose hacia la observación estrellas de largo período que por entonces coordinada la Red Mira (coordinada por Eduardo Cifuentes y Pepe Ripero). El grupo fue distribuyéndose por toda una red de observatorios semiprofesionales desde donde operaban sus observadores en especial desde que en 1992 usaran su primera CCD, una ST4.
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En la década de los 90 ya no había esas circulares que tanto me gustaban. Pero el afán del grupo por estar siempre en la vanguardia tecnológica y observacional les hizo montar una BBS (Bulletin Board System) introduciéndose vía telemática en los hogares de cuantos disfrutábamos en el grupo, además de algunos de la vieja guardia ahí estaban Rafa Barberá, Joaquín Vidal, Sebastián Torrell, David Fernández, Francisco Campos…Tengo muy buenos recuerdos de esa época también, de GEA BBS. De noches leyendo mensajes en colorines... La aparición de Internet propició que el grupo montara una excepcional página web, http://www.astrogea.org/ que se actualizó con sus programas observacionales hasta 2004 y que cuya cabecera indica actualmente que la web está cerrada pero que, buscando por la red, podemos encontrar sus maravillosos contenidos.
| CK Cam, una brillante cefeida descubierta en 1995 por el GEA |
En la actualidad el grupo prácticamente no existe y cada uno se dedica a programas específicos. Por ejemplo Josep María Gómez-Forrellad se dedica a Júpiter dentro del grupo de atmósferas planetarias que dirige Agustín Sánchez Lavega.
Para mí el GEA es mi recuerdo de la Astronomía bien hecha y que me permitía colaborar desde la azotea de casa empujándome a querer más a esta Ciencia. Era feliz contribuyendo con ellos al conocimiento del fantástico mundo de las estrellas variables. Es un auténtico recuerdo de mi juventud que guardo con mucho cariño en un lugar adecuado de mi biblioteca y de mi mente. Su espíritu creo que sigue siendo vigente hoy día. Todavía conservo todas esas circulares (consultadas una y mil veces) tal y como fueron fotocopiadas del original de la biblioteca que en su día me abrió las puertas a las estrellas variables.Dedicado a Josep María Gómez-Forrellad por su ayuda desde hace muchísimos años y por compartir su saber de modo altruísta con quienes queríamos saber algo más de la luz que nos llegaba desde las estrellas.





































