lunes, 8 de septiembre de 2014

10 Libros de Astronomía para empezar

Os presento una breve lista de diez libros apropiados para el que se inicia en la observación astronómica y de paso por si alguien se anima, regalárselo a ese nuevo astrónomo aficionado que conocemos o sencillamente autorregalarnoslo. Hay muchísimos libros para empezar, muchísimos, pero he decidido elegir diez que me parecen buenos a modo de sugerencia. No los he colocado por orden de importancia, salvo el primero, por cariño y respeto al autor y maestro.

Por lo demás, si has leído algún título que te pareció bueno, compártelo con nosotros escribiendo un comentario. Te lo agradeceremos. Ahí va la lista.




1.- GUÍA DEL FIRMAMENTOJosé Luis Comellas. ed. Rialp, 2013. 9ª Edición. (35,00 €)

Creo que no exagero si digo que este libro es el de cabecera de muchos, muchísimos aficionados a la Astronomía. El libro ofrece la descripción casi 5000 objetos (creo recordar) que pueden observarse con un instrumento de tamaño mediano. Las descripciones de los objetos son de gran ayuda así como muchos datos incluídos en el libro. José Luis Comellas ha sido un observador incansable y ha colocado en sus páginas una labor realizada durante años.

La nueva edición es de pasta blanda y más económica, conteniendo fenómenos astronómicos actualizados hasta el año 2020 e importantes efemérides hasta final de siglo.  



2.- GUÍA DEL CIELO 2014. Pedro Velasco y Telmo Fernández.  Espasa. 2013 (10,90 €)



El libro es un pequeño compendio de los fenómenos astronómicos más destacados que tendrán lugar en el año 2014. Además de  mapas celestes mensuales, incorpora las efemérides del mes y explicaciones de interés sobre conceptos astronómicos básicos.

Ya llevan varios años editando esta guía que personalmente recomiendo a cualquier aficionado, principiante o avanzado.






3.- GUÍA CELESTE MENSUAL. Ian Ridpath.  Cambridge University Press. 2003 (26,40 €)


El libro muestra los diferentes objetos astronómicos que pueden observarse cada mes. Normalmente visibles con instrumentos modestos. Incorpora también unas cartas celestes mensuales y unas cartas de localización de algunos de los objetos sugeridos para su observación.

Está más destinado a observadores del hemisferio Norte y para el observador principiante le puede venir muy bien para empezar a reconocer constelaciones y objetos.




4.- GUÍA DE CAMPO DE LAS ESTRELLAS Y PLANETAS. Jay M. Passachof. Omega, 2002 (53,00 €)

Otro fantástico libro con múltiples explicaciones sobre que objetos celestes ver y cómo. Además de las propias explicaciones iniciales, el libro trae una sucesión de cartas celestes acompañadas del texto que indica los cuerpos celestes que ver en ellas. Contiene numerosas tablas con estrellas variables, dobles, objetos de cielo profundo,... Incorpora mapas de los principales planetas y una secuencia de 8 mapas cartográficos de la Luna con la explicación de qué accidentes ver en cada uno de ellos. Mantengo un buen recuerdo de hace muchos años cuando seguí sus instrucciones para observar la Luna. El incoveniente que le veo es que vienen efemérides hasta el 2010, por tanto muy retrasadas. Personalmente no he podido encontrar una edición actualizada del libro.


4.- DESCUBRIR LA LUNA: MÁS DE 300 LOCALIZACIONES LUNARES. VVAA. Larousse, 2007. 144 pp. (12 €)

Reconozco que este libro es uno de mis favoritos sobre la Luna. Lo recomiendo especialmente, no solo ya para el aficionado que ahora empieza sino también para el que quiera profundizar en la observación de los accidentes lunares. Comienza con una breve descripción de los accidentes lunares e instrucciones para observarlos y fotografiarlos. A continuación dedica, noche por noche, a indicarnos qué podemos observar en la Luna, siempre acompañado de dos fotografías, una tal y como se vería con un telescopio refractor y otra como se vería con un reflector. Asi las catorce noches de la Luna Nueva a la Luna Llena. Trae también un mapa separado con la cara visible de la Luna. El libro, para mi gusto, es excelente y muy útil.



5.- ATLAS DEL CIELO NOCTURNOStorm Dunlop. Ediciones Akal, 2008. 224 páginas. (19,95 €)

Aunque se inicia con una breve explicación sobre los objetos observables y algunos conceptos astronómicos básicos, éste libro es un pequeño atlas del cielo con unos mapas estelares muy buenos elaborados por el prestigioso Will Tirion. Inicialmente son 20 cartas estelares que llegan hasta la magnitud 6.5 y luego detalla las constelaciones con mapas de hasta la magnitud 7.5 y describiendo los objetos que pueden observarse en ellas. A continuación presenta una serie de 16 mapas lunares dibujados por uno de los mejores selenógrafos del mundo, Antonin Rükl. Finalmente acaba con detalles sobre la observación planetaria, (con posiciones de los mismos hasta el 2012...) Lo recomiendo como primer atlas del cielo.



6.- APRENDER ASTRONOMÍA CON 100 EJERCICIOS PRÁCTICOS. Jordi Lopesino. Marcombo, 2013. (214 pp)(17,40 €)

Un buen libro recién sacadito del horno. Se trata de una colección de 100 temas que van desde puntos más básicos hasta algunos más avanzados. Está escrito con rigor y sencillez por un astrónomo aficionado con bastante experiencia.

De forma sencilla y básica, el libro acorda la observación visual, con instrumentos ópticos, la astrofotografía, software... Y hablando de software, el libro incluye al final un CD con programas muy útiles para el aficionado como Stellarium, Cartas del Cielo, una guía rápida de cielo profundo y un excepcional de Atlas realizado por otro aficinoado José Ramón Torres. Desde luego lo aconsejo para todo aquel que se inicia.


7.- OBSERVAR EL CIELO A SIMPLE VISTA O CON PRISMÁTICOS. P. Bourge & J. Lacroux. Ed. Larousse. 144 pp. (12€)

Pertenece a las Guías de Astronomía Larousse al igual que he presentado antes sobre "Descubrir la Luna". La colección incorpora varios títulos interesantes y los libros están repleto de datos prácticos. Yo aconsejo cualquier título en función del grado de conocimiento que tengamos de Astronomía: "Observar el cielo desde la ciudad"; "Observar las constelaciones a Simple Vista"; "Observar Marte", etc.

En éste libro podemos comenzar a recorrer el cielo, y algunos objetos del mismo, con nuestros prismáticos. No es tan detallada como la posterior de Reynolds pero puede servir de base antes de pasar a él.



8.- OBSERVACIÓN ASTRONÓMICA CON PRISMÁTICOS. Mike D. Reynolds. Ediciones Tutor, 2006. 236 pp. (15,00 €)

Éste libro es idóneo para el que acaba de adquirir unos prismáticos y quiere comenzar a observar el cielo con ellos. El libro se iniciaa con una introducción a la historia y funcionamiento de los prismáticos para, posteriormente, repasar algunos métodos de observación.

La "segunda" parte del libro trata sobre los objetos que pueden ser observados según la estación del año en la cual nos encontramos y bien diferenciados por constelación. Muchos de esos objetos son visibles desde la ciudad y el resto pueden ser observados desde zonas no contaminadas. Destaca cuales son más fáciles de observar y los que constituyen un reto.  Un buen libro sin duda.



9.-  BREVE HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA. Ángel R. Cardona. Ed. nowylus. 2013 288pp. (13,95 €)

No todo va a ser observar. Como decía el gran astrónomo español José Comás-Solá, el conocimiento de una ciencia es incompleto si no se conoce su historia.  A mi éste libro me ha encantado, repasa la historia de la Astronomía desde las primeras culturas hasta nuestros días e incluso hace un repaso por el futuro de nuestra ciencia.

Pertenece a una colección llamada "Breve Historia" que la editorial ha puesto en marcha y, su lectura, además de amena nos hará profundizar en la Astronomía usando el maravilloso cauce de la historia sin dejar de ahondar en ella usando términos físicos y químicos apropiados para ello. Totalmente aconsejable.


10.- COSMOS. Carl Sagan. Editorial Planeta 2004.  368 pp. (36,00 €)

Si hablo sobre este libro aquí es porque a él y a la serie que se hizo de él le debo muchísimo. Pero no solo yo, muchísimos aficionados que conozco. Incorporarlo aquí es porque lo creo totalmente necesario, no sólo por las enseñanzas astronómicas que incorpora y por la belleza de los pasajes históricos de éste exhuberante libro sino por la ética que lleva oculta.

La magistral obra del grandísimo divulgador Carl Sagan es absolutamente aconsejable y debe permanecer en cualquier biblioteca que se precie, sea astronómica o no. Desde luego el libro, y la serie es para dedicarles muchas entradas en un blog. Si necesitas hacer un regalo a alguien que adore la Astronomía, aquí tiene uno del que no te arrepentirás.




jueves, 4 de septiembre de 2014

La Luna y la luz de Aristarco

Ya en la entrada que le dedicamos a la Luna Llena el mes pasado hicimos mención a la diferencia entre las diferentes tonalidades de grises visibles a simple vista en la Luna. Vimos los mares y las tierras e incluso hicimos especial mención de los cráteres radiales Tycho y Copérnico. En ésta ocasión podríamos aprovechar las claras noches de Luna Llena, o los días anterior y posterior, para observarla y aprender un poco de Selenografía. Recordemos que disponemos de un mapa en pdf que podemos imprimir como ayuda al reconocimiento de accidentes lunares. La brevísima descripción que se va a realizar se hace en base a observaciones realizados por unos sencillos prismáticos 10X50.

UN PEQUEÑO VIAJE POR LA LUNA

Cuando la Luna se encuentra en los momentos más cercanos a su fase de Llena o precisamente en ese momento, podemos distinguir como hacia la derecha (Este de la Luna) aparece una zona oscura a modo de pinza por debajo de un óvalo oscuro. Si nos fijamos, la parte superior de la “pinza” es mayor que la inferior. Estaría compuesta de tres zonas, la más superior y casi centrada es el Mare Serenitatis, el Mar de la Serenidad. La segunda zona, más irregular, sería el Mare Tranquillitatis (Mar de la Tranquilidad) y finalmente uno de los brazos de la pinza termina con el Mare Fecunditatis (el Mar de la Fecundidad). Algo más arriba de la "pinza" se puede divisar el precioso Mare Crisium (Mar de las Crisis) aunque el mejor momento para ellos sean los días de Cuarto Creciente y anteriores. El Mar de las Crisis es una de mis zonas preferidas de la Luna, sino la que más. Finalmente, el brazo inferior de la pinza acaba en el Mare Nectaris, (Mar del Néctar).



En la parte superior izquierda (Noroeste de la Luna) aparece una zona oscura, junto a la “pinza” que es el oscuro Mare Imbrium (Mar de la Lluvia) el cual limita, casi sin continuidad (imperceptible la diferencia con instrumentos muy básicos) con el Oceáno Procellarum, el Océano de las Tormentas. Esta zona es la más extensa de la Luna y la más clara en su grisácea tonalidad.El Océano Procellarum finaliza hacia el Suroeste de la Luna con una región más oscura llamada Mare Nubium (Mar de las Nubes) y con otra, más al Sur y casi circular, que es la que constituye el Mare Humorum (Mar de la Humedad).

¡En un momento hemos podido visualizar las regiones más importantes de otro mundo! Recordemos también de nuestra anterior entrada los cráteres radiales de Tycho (al Sur de la Luna) y  Copérnico (al Este y en la línea central del disco lunar). Tengamos localizado a éste último cráter llamado en honor del gran astrónomo polaco que iluminó a la Astronomía con su teoría heliocéntrica, teoría quizá basada en las ideas de otro sabio griego que también supo iluminar la Astronomía de su época. Y no solo iluminó ese tiempo...

ARISTARCO, UN FARO EN LA LUNA

Un poco al oeste (a la izquierda) del cráter Copérnico podemos observar un brillante punto: el cráter Aristarco. En concreto es la zona más brillante de todo el disco lunar. Un diamante en la oscura tierra del Océano Procellarum. Su capacidad para reflejar la luz que recibe (lo que se conoce como albedo) es muy superior a la del resto de accidentes selenográficos. Es un cráter de impacto muy el faro de la Luna. Un astrónomo tan observador como William Herschel creyó que era un volcán con erupciones contínuas.
jóven (se estima su edad entre 300 y 500 millones de años) que no se ha visto afectado aún por procesos de erosión que permitan oscurecerlo. Esta poca edad explica la brillantez de éste cráter de unos 42 kilómetros de diámetro con paredes que casi llegan a los 4000 metros de altura. Su brillantez hace que sea conocido como

El cráter Aristarco en el terminador lunar el pasado 14 de noviembre. (Canon EOS300D  - 1/320 segundos ISO100 250mm.)
Muchos observadores han observado continuamente al cráter Aristarco por tratarse de una zona donde se observaban oscurecimientos o cambios de brillo, estos controvertidos fenómenos conocidos como TLP, Transient Lunar Phenomenon, (Fenómenos Transitorios Lunares). Aunque siempre existe cierta duda acerca de la observación de estos fenómenos no es menos cierto que la sonda Lunar Prospector detectó grandes cantidades del gas noble radón que podrían ser el origen de dichos cambios, algo que ya hiciese la sonda Apollo XV.

Aristarco también tiene una estructura de bandas radiales como Tycho y Copérnico, aunque más oscuras. Proceden del material depositado tras el impacto que provocó el cráter. Con un pequeño telescopio de 6 centímetros de diámetro puedo observar 2 bandas, pero con un refractor de 12 centímetros se pueden llegar a ver hasta nueve (sólo las he observado dos veces, normalmente me quedo en siete). Estas bandas fueron dibujadas por primera vez por el gran observador Lord Rosse en la segunda parte del siglo XIX pero curiosamente se les pasó por alto a otros astrónomos de conocido renombre y observadores lunares. Aún se desconoce la razón de ello.

El telescopio espacial Hubble hizo, en 2005, un estudio fotográfico del cráter y parece probable que encontrara en él titanio y óxido de hierro. Con las fotografías realizadas recreó un "acercamiento virtual" al cráter que aparece en éste curioso vídeo.




¿Qué observas tú en Aristarco?




miércoles, 3 de septiembre de 2014

La Luna Llena

Cuando la Luna está en fase llena es de todos sabido que la observación astronómica se torna difícil. Si encima observas desde la ciudad peor aún. Sí que es cierto que se pueden observar estrellas dobles, estrellas variables, y por supuesto el Sol durante el día pero, no es lo mismo. De modo que se me antoja que como primera entrada "lunar" podríamos aprender a reconocer los detalles selenográficos de la Luna. Saber distinguir zonas de otros mundos es, como mínimo, emocionante.


La Luna no tiene atmósfera y su superficie refleja muy poca luz de la que recibe, en torno a un 7%. De manera que, en un simple vistazo, podemos reconocer que los colores de nuestro satélite son el blanco y el negro pasando por todas las tonalidades de grises. Una simple mirada hace que distingamos zonas oscuras, a las que llamamos Mares y zonas claras que reciben el nombre de Tierras. Los mares son extensas zonas que originariamente habían sido grandes cráteres producidos por impactos de asteroides y que han sido recubiertos por el magma procedente del interior lunar. Las zonas claras que hemos llamado tierras (y no en referencia a nuestro planeta) forman la mayor parte de la superficie lunar y están formadas por cráteres de impactos producidos por objetos de distintos tamaños.

La observación de la Luna se realiza mejor cuando se sitúa en la fase de los cuartos, días antes y después, donde podremos observar mejor los detalles lunares por el contraste de luz existente. Pero para empezar no está de más aprovechar la Luna Llena para distinguir las zonas claras y las oscuras: mares, cráteres, cordilleras montañosas, valles, grietas, rayos...

Os presento un buen mapa de la Luna en pdf obtenida como enlace desde la web de Andrés Valencia del Observatorio Arval de Caracas (Venezuela). Aconsejaría imprimir las tres primeras hojas y situarnos con nuestros prismáticos o nuestro pequeño telescopio a ir reconociendo detalles.

CRÁTERES RADIALES

Fijémonos por ejemplo en la parte sur de la Luna donde pueden verse unos rayos que salen del cráter Tycho. Estos rayos son el resultado del impacto brutal que originó el cráter y cuyos restos quedaron esparcidos al solidificarse. Son realmente preciosos y es un buen momento para que sean observados. También existe otro cráter más al norte de Tycho, y también brillante, llamado Copérnico que dispone de un sistema radial también perfectamente visible pero no tan destacado como los procedentes de Tycho.

Podemos también aprovechar para ver como existen más cráteres en las zonas llamadas tierra (las claras) que en los mares o zonas oscuras lo cual tiene su explicación por el hecho de que las tierras son más antiguas y los cráteres de dicha zona se formaron en épocas tempranas del Sistema Solar.

En resumen, podemos pasar un buen rato observando a nuestra vecina la Luna. Reconociendo sus formaciones con un pequeño instrumento (incluso a simple vista). En éste blog le dedicaremos varias entradas a nuestra acompañante viajera.

martes, 2 de septiembre de 2014

Tycho Brahe: El hombre que no vivió en vano (y II).

5.- PRAGA

Con un nuevo sistema cosmológico en su cabeza y con muchísimas y exactas observaciones en sus cuadernos, Tycho iba a dejar cultivado el terreno para el florecimiento de una nueva etapa de la ciencia astronómica.

La Isla de Hven y el observatorio de Brahe en la actualidad
En 1588 Federico II, quien le aguantaba todo lo inaguantable a Tycho, murió. Su sucesor, Christian IV no iba a ser tan condescendiente con el arrogante astrónomo. Harto de soportarlo durante los primeros años de su mandato y repleto de protestas por los maltratados habitantes de Hven, Christian IV le llamó la atención a Tycho y empezó por bajarle sus emolumentos. Ante esto y tras 22 años en la isla de Hven, donde realizó sus "viriles, precisas y absolutamente exactas" observaciones, Tycho decidió abandonar Dinamarca no sin antes expresar su malestar al rey. 

Inició su periplo viajero con toda su corte de familiares, sirvientes y por supuesto con su enano Jepp. Comenzó por tierras alemanas y en 1599, invitado por el emperador Rodolfo II llegó a la ciudad de Praga. Realmente acabar en Praga se debió a la amistad que tenía con el médico Tadeáš Hájek, quien era un gran amigo y valedor de Tycho además de médico de Rodolfo II. El emperador decidió, por tanto, alojarlo en el castillo de Benatek situado a una treintena de kilómetros de la hoy capital checa y lo nombró matemático imperial. Pero en Praga no todo fue como en Hven. Rodolfo II le había asegurado 3000 florines anuales para que se quedase allí (además de, evidentemente, ofrecerle el castillo) pero dicha cifra apenas llegaba a la mitad de los honorarios que percibía en Hven. Tycho empezó a preparar sus trabajos astronómicos pero no tenía aún el instrumental para realizalo. El encargo de Tycho a la corte del emperador para que sus instrumentos llegaran a Praga cada vez se hacía más de rogar, la tardanza era excesiva y todo esto provocaría contínuas desavenencias.  Pero lo que Tycho esperaba con más ansiedad estaba aún por llegar.

6.- EL INVITADO

Kepler viajando a Praga. (Serie Cosmos)
Entre 1595 y 1596, cuando aún continuaba vigente la pelea por la autoría del nuevo sistema cosmológico entre Tycho y el que también fuera matemático imperial de Rodolfo II, Ursus (Nicolaus Reimers), Johannes Kepler acababa de publicar su Mysterium Cosmographicum. Kepler optó por enviar, sin saber de la pelea entre ambos astrónomos, un ejemplar a cada uno. Mientras que Kepler nunca recibió respuesta de Ursus (pero que en cambio usó los escritos de Kepler en su propio beneficio antes de morir), Tycho, sabiendo de la valía del joven astrónomo, fue más  ávido y le indicó que aplicara sus descubrimientos geométricos a su sistema, instándole a visitar y quedarse en Praga con él. Eso fue a principios de diciembre de 1599. Kepler llegó a Praga a mediados de enero de 1600 después de un tortuoso y lamentable viaje desde Gratz. Jamás olvidaré las escenas de la hija de Kepler y de su atormentada y enferma mujer que de manera exhuberante se refleja en el capítulo tercero de la magistral serie Cosmos del gran divulgador Carl Sagan.

Cuando Kepler llegó a Praga con su familia no pudo tener peor recibimiento. El gran astrónomo Brahe no había prestado atención en recibirle y tuvo que conformarse con ser guiado por el hijo mayor del astrónomo danés, Christian Sorensen, latinizado como Longomontanus, y el junker de Brahe, un tal Tengnagel, quienes procuraron emplear la mayor antipatía posible con el nuevo invitado. Varias semanas después de la llegada Brahe recibió a Kepler.

Pero las hostilidades no terminaron con el recibimiento. La antipatía del hijo de Tycho por Kepler fue paulatinamente convirtiéndose en odio. Máxime cuando Tycho le había encomendado a su hijo la tarea de estudiar Marte, trabajo éste que le fue arrebatado en favor de Kepler quien, en ese momento,
estudiaba el planeta Júpiter. Kepler, halagado y olvidándose de todo lo anterior, le prometió a Brahe que en tan solo ocho días solucionaría todos los problemas que daba la órbita del planeta.

Kepler comenzó a trabajar de inmediato y pronto se dio cuenta que ocho días no iban a solucionar ni la parte más ínfima del problema. En su fuero interno Kepler quería usar los datos de Brahe (los mejores existentes) para construir su propio sistema del universo, los sólidos pitagóricos y la armonía de los mundos debían encajar con las observaciones. Brahe también sabía eso. Y no solamente esto, sabía que no iba a resistir mucho tiempo para crear su sistema semigeocéntrico.

Monumento a Brahe y Kepler en Praga
Ambas ideas no cesaban de aparecer en la mente de Brahe, quien consciente del problema, decidió enseñar a pescar a su discípulo pero no sin dificultades. No ayudaba para nada a Kepler. Es famosa la cita de Kepler al respecto: "Tycho no me daba ninguna oportunidad de compartir sus experiencias. Lo único que conseguía [Kepler] era que en el transcurso de una comida y mientras hablábamos de otros asuntos, mencionara [Brahe], como de pasada, hoy la cifra del apogeo de un planeta, mañana los nodos de otro".   La tensión entre Kepler y Tycho iba en aumento. En abril de 1600 Kepler decidió irse de Praga y abandonar el castillo de Benatek manifestando que la vuelta requeriría, al menos, cumplir los compromisos iniciales en cuanto al dinero, al modo de trabajo y a las condiciones humanas. Kepler no quería más humillaciones. A pesar de todo el carácter de Kepler hizo que se tuviera que tragar su razonable orgullo y pedir disculpas al noble. El danés, altanero, decidió aceptarlas y en una muestra de necesidad interior fue a Praga para volver a llevar a Kepler a su propio castillo. Kepler consiguió, por añadidura, todos los datos de Marte. Tenía vía libre y, en años sucesivos, lo demostraría, llegando a ser uno de los más grandes baluartes de la Revolución Científica. 


7.- NE FRUSTA VIXISSE VIDEAR 

La cantidad inmensa de observaciones realizadas por Tycho después de tantos años y en antos lugares cesaron en octubre de 1601 de forma inmediata. El que había sido su discípulo durante dieciocho meses y que sería su sucesor en el cargo de matemático imperial, nos cuenta el fin de Brahe. Nadie mejor para conocerlo que Kepler:


El 13 de octubre, Tycho Brahe, en compañía del maestro Minkowitz, acudió a cenar en casa  del ilustre Rosenberg, y retuvo sus aguas más allá  de lo que exige la cortesía. Al beber más,  sintió que la tensión de su vejiga se incrementaba, pero puso la educación por delante de su salud. Cuando regresó a su casa, apenas fue capaz de orinar...

Tras cinco noches sin dormir, seguía sin poder soltar su agua sin experimentar grandes dolores, e incluso así la evacuación era difícil. El insomnio prosiguió, con fiebre interna que desembocó gradualmente en delirio, y la comida que comía, y que no podía retener, exacerbaba el mal. El 24 de octubre, su delirio cesó durante varias horas, la naturaleza venció y expiró pacíficamente entre los consuelos, plegarias y lágrimas de su gente. 

Como correspondía a un gran noble, Tycho Brahe fue enterrado en Praga en una ceremonia grandiosa en su honor. Lamentablemente todo su instrumental astronómico y que había servido para acceder a tantos datos celosamente guardados por la naturaleza quedó viejo, inutilizado, y fue quemado durante la Guerra de los Treinta Años.

En los momentos delirantes de sus últimos días, Tycho no paraba de repetir, una y otra vez, una frase que pasaría a la historia como símbolo de lo que había hecho y lo que quería que se hiciese: Ne frusta vixisse videar: Que no parezca que he vivido en vano. La ciencia astronómica no sólo sabe que Tycho no vivió en vano sino que le debe buena parte de su historia futura.



NOTA PERSONAL:

Las vidas y trabajos de Tycho Brahe y Johannes Kepler siempre me apasionaron. Reconozco que Kepler es mi astrónomo favorito y, de paso, mi científico. Quizá porque supo darle paso a la verdad aún cuando ésta era contraria a sus propios pensamientos, ideas y convicciones. Existe mucho material buenísimo e impactante sobre ese tema. Con independencia del tercer capítulo de la serie Cosmos aconsejaría varias lecturas: la biografía de Kepler desarrollada por Max Caspar, la espectacular "The Lord of Uraniborg" de Thoren y por supuesto el fantástico libro escrito en 1959 "Los Sonámbulos" de Arthur Koestler el cual desarrolla, en algunos pasajes, la historia de estos dos científicos. En él me he basado para hacer esta entrada. Koestler desapareció por iniciativa propia, sin duda, él tampoco vivió en vano...




lunes, 1 de septiembre de 2014

Tycho Brahe: El hombre que no vivió en vano (I)

1.- TYCHO

Terrible, Maravilloso, Loco, Perfecto
Tycho (o Tyge) Brahe nació el 14 de diciembre de 1546 en Knudstrup, Escania; hoy Suecia pero entonces perteneciente a Dinamarca. Hijo del gobernador del castillo de Helsingborg, fue apadrinado por su tío Joergen el cual era un gran terrateniente y vicealmirante que había mostrado a su hermano sus deseos de apradinar uno de sus hijos, cuando los tuviera, y adoptarlo hasta el punto de considerarlo como hijo suyo. El gobernador le prometió a su hermano que así sería pero un incidente vino a postergar la promesa. La madre de Tycho Brahe dio luz a gemelos, pero uno de ellos murió. Así, y como era de esperar, la situación cambió, y no fue hasta que Brahe tuvo un hermano cuando pasó a ser adoptado por su influyente y acaudalado tío.

En 1559 fue enviado a la Universidad de Copenhague, Dinamarca, para iniciar su educación. Estudió  primeramente Derecho y Filosofía como correspondía en esos tiempos a su condición nobiliaria y como procedía para acceder a sus futuros cargos estatales. Todo iba bien, con un futuro prometedor y resuelto. Hasta que un suceso vino a cambiarle su orientación y visión de la vida.

El eclipse de Brahe
El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente  admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, acababa de sentir que los sucesos astronómicos le habían despertado un tremendo interés. La observación del fenómeno celeste le había resultado realmente maravillosa. Apasionante. Fue entonces cuando comenzó a adquirir libros sobre Astronomía, leyendo apasionadamente, y de manera particular, a Tolomeo. No obstante, los estudios había que continuarlos y dos años más tarde fue enviado por su tío a estudiar a la Universidad de Leipizg. (Como curiosidad la línea de totalidad del eclipse pasó, exactamente, por Andalucía).

Su tío Joergen observaba que la afición a la Astronomía de su sobrino tendía a alejarle del verdadero cometido nobiliario. La Astronomía no era una profesión adecuada para un noble así que le puso bajo la tutoría de Anders Vedel quien, a la sazón, era uno de los grandes historiadores daneses. Para desgracia de su tío y para bien de la Ciencia, el muchacho no dejaría su pasión por la Astronomía en ningún momento y Vedel desistió de la vigilancia encomendada un año después.

En agosto de 1563, cuando tenía dieciséis años, Tycho volvió a observar otro fenómeno celeste que le dejó perplejo. Esta vez se trató de una conjunción entre Saturno y Júpiter. El fenómeno no tendría más trascendencia sino fuera porque se dio cuenta de que las tablas alfonsinas -las vigentes por entonces- predecían el acontecimiento con un mes de retraso. Fue entonces cuando el joven decidió definitivamente su futuro dando un paso importantísimo comprobando de inmediato que había que realizar las observaciones con muy buena precisión, mejorando todas las que hasta entonces se habían realizado. Para ello debían usarse instrumentos lo suficientemente exactos como para realizar éstas observaciones y así corregir las tablas astronómicas de su tiempo. Si Tycho no descubrió nada, ya con darse cuenta de la falta de precisión que existía en las observaciones, lo descubrió todo. Con el tiempo el gran astrónomo danés se convirtió en un fanático por la exactitud. 

Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar, y mucho. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó.  Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el  heliocéntrico. Según éste, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se  habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus, (al que Brahe le acusó en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584), y también por un tal Helisaeus Roeslin. 


Tycho prosiguió sus estudios en distintas universidades, pasó por Wittenberg, Rostock, Basilea y Ausburgo. Aumentaba constantemente su colección de instrumentos astronómicos así como sus conocimientos matemáticos. En 1565, durante su época universitaria, se batió en duelo con un joven danés como consecuencia de una riña que, supuestamente, tuvieron por saber quien sabía más sobre Matemáticas. El tiempo probablemente le dio la razón al astrónomo pero también le marcó con el puente de la nariz rota, puente que hubo que sustituir con una placa de metal y que continuamente necesitaba untar con un ungüento. Este episodio de la historia parece contener, no obstante, cierto aire legendario.


2.- LA NUEVA ESTRELLA

Posición de la Supernova de Tycho (señalada como I)
Tras acabar sus estudios Tycho regresó a su Dinamarca natal. El 11 de noviembre de 1572 volvía del taller de alquimia de su tío y en el camino hizo algo que muchos de los aficionados a la Astronomía hemos hecho en más de una ocasión: lanzar una mirada al cielo. Quedó fascinado. Observó en la constelación de Casiopea una estrella muy brillante, incluso superaba el brillo del planeta Venus. Estaba asombrado; no se lo creía. Para superar su incredulidad llamó a varios campesinos para que certificaran que su observación no era una ilusión. La inmutabilidad de los cielos propuesta por Aristóteles indicaba que todo los cambios que ocurrían en el cielo se producían a partir de la esfera inmediatamente inferior a la Luna y eran considerados pues como fenómenos meteorológicos. Esta doctrina llevaba siglos imponiéndose y por tanto una estrella nueva en el cielo resultaba, cuanto menos, incómoda. De hecho, Plinio, en su Historia Natural , nos cuenta que Hiparco -otro grandísimo observador ya comentado en el blog- vio un suceso similar en el año 125 a.C., pero, como correspondía a la doctrina aristotélica, fue considerado como un suceso atmosférico y no tuvo mayor trascendencia. Pero en el caso de Tycho no iba a querer la Historia de la Ciencia que fuera así. 

Preciso Sextante de Tycho
Los astrónomos de la época, encabezados por Brahe, creyeron que las líneas de investigación a seguir debían seguir dos rumbos, por un lado observar si la estrella se movía y por otro intentar calcular su distancia. No estaba mal planteado si nos paramos a pensar. Observadores como Michael Maestlin (antiguo profesor de Kepler y también citado ya en el blog por su extraordinaria vista) y Thomas Digges usaron hilos de tela para demostrar que la estrella no se movía. Brahe, en cambio, usó un preciso sextante siguiendo la búsqueda de datos exactos consecuencia de sus observaciones de años atrás. Tycho llegó a la misma conclusión. Además, durante el año y medio que la estrella fue visible en los cielos intentó calcular la distancia por el método del paralaje (un método que usa la trigonometría para el cálculo de las distancias) y comprobó que la estrella no mostraba paralaje alguno formando parte, por consiguiente, de las estrellas fijas.

La estrella se había convertido, tras la admiración, en un problema: ni se movía ni estaba cerca. Tycho no
solo acababa de descubrir una supernova (de la que hoy podemos ver sus residuos) sino que le daba un mazazo tremendo a toda la doctrina aristotélica. Fue entonces cuando Tycho comprendió que sus observaciones debían ser publicadas, aunque no era esto una tarea precisamente de nobles en aquella época y ni siquiera resultaba bien vista. No obstante el astrónomo lo consideró oportuno y publicó en 1573 un librito llamada "Nova Stella" en la que, además de indicar la inmovilidad de la nueva estrella, dio por primera vez el nombre de NOVA a este tipo de estrellas. El librito (que se puede descargar aquí en perfecto latín) se iniciaba con unas cartas introductorias, seguía con unos almanaques, unos diarios meteorológicos y astrológicos (sí, también Tycho se dedicó a esto), unos versos, y el resto, unas veintisiete páginas, contenían las explicaciones sobre la nueva estrella y los instrumentos utilizados para observarla. Tycho, "el fenix de la Astronomía", como le llamaba Kepler, se había convertido, pese a su juventud, en el astrónomo más importante de su tiempo. Y desde luego, no sin razón.

3.- URANIBURG 

Tycho tenía una aptitud nobiliaria curiosa. Como él mismo diría, su vida la hacía entre "caballos, perros y lujo" aunque esto pueda considerarse como una queja, la segunda parte de su vida transcurrió en el mismo ambiente pero agrandado con majestuosas comidas y grandes borracheras. Por otra parte, Tycho optó por una profesión no adecuada para un noble, la de astrónomo, desechando de ésta forma su futuro político y además, se casó con una campesina (para colmo sin pasar por el altar, un auténtico escándalo es esos tiempos). De todas formas su afán por realizar observaciones meticulosas no cesó ni un sólo momento y al final de su vida se comprobó que el camino elegido había sido el correcto.


Uraniborg
La Ciudad de Urania
Tres años después de la aparición de la nueva estrella Tycho tenía ya noticias de contar con la gracia del rey Federico II y con buena parte de la aristocracia danesa. Se dedicó a viajar -uno de sus placeres- para ver a sus amigos de Frankfurt, Basilea, Wittemberg, Venecia y Cassel. Precisamente en Cassel estaba instalado su amigo Guillermo IV, el landgrave del rey Federico II, quien también era astrónomo o, al menos, disponía de un observatorio astronómico en su ciudad. Fue precisamente el landgrave quien intercediera con el rey para que Tycho pudiera disponer de un observatorio adecuado. Federico II aceptó la oferta realizada por el landgrave y decidió ofrecerle varias zonas en las que Tycho pudiera asentarse pero éste, meticuloso como él mismo, no aceptó. De manera que decidió quedarse en Basilea, así que, ante la negativa del astrónomo, el monarca optó por entregarle una isla entera, el mando para gobernarla y una suma anual de dinero que se situaba entre las más altas de toda Dinamarca. La oferta era irresistible y Tycho aceptó marcharse a su nuevo lugar: la isla de Hven, situada entre Suecia y Dinamarca, y a la que posteriormente llamaría Uraniburg, la Ciudad de Urania.

Uraniburg debía ser un sueño. Un lugar para imbuirse en el Universo entre medio de un remanso de paz y estímulo. Tycho, como no podía ser de otra forma, se hizo con los servicios de un arquitecto alemán para realizar su excéntrica ciudad estelar. Veamos un relato que nos hace Arthur Koestler del impresionante observatorio:: 


 "[...] Fachada renacentista coronada con un domo en forma de cebolla  flanqueada por torres cilíndricas, cada una de ellas con un techo móvil que albergaba los instrumentos de Tycho, y rodeada por galería de relojes, cuadrantes solares, globos y figuras alegóricas. En el sótano se hallaba la prensa de imprimir de Tycho, abastecida por su propio molino de papel, su horno de  alquimista, y una prisión particular para arrendatarios indóciles."




Vista "aérea" de Uraniborg
Fue una construcción costosísima en la que hoy día se me ocurre que sólo faltaría Dalí para adornar con lienzos surrealistas las paredes del observatorio. Disponía en el interior de su biblioteca de una esfera de un metro y medio de diámetro en la que iba grabando cada una de las estrellas con una precisión incalculable para la época. De hecho, Tycho realizó un catálogo indicando las posiciones precisas de 777 estrellas, añadiendo posteriormente 293 estrellas -no tan precisas- con las que conseguía un catálogo de 1000 estrellas, un número redondo. Más tarde, embarcado en su excentricidad, Tycho construyó otro observatorio. Esta vez subterráneo al que llamó Stjoerneburg, la ciudad estrella, con el que protegería a sus instrumentos de las vibraciones que causaba el viento.

El Gran Cometa de 1577 (George Jacob Daschitzky)
Una vez instalado en su observatorio, Tycho observaba todo lo que podía. Vigilaba el cielo constantemente.

En 1577 apareció un cometa en el cielo que le sirvió a para dar un nuevo golpe a la teoría aristotélica y, por añadidura, a él mismo: aún creía en la teoría geocéntrica de Tolomeo. Fue el Gran Cometa de 1577. Con sus instrumentos, que seguían siendo los mejores para la época y apoyado por su increíble agudeza visual, observó que la paralaje del cometa indicaba que estaba más de seis veces más distante que la Luna y, además, creyó en la posibilidad de que el cometa tuviera una órbita distinta a la circular algo que no cuadraba para nada con la concepción cosmológica que regía en aquellos tiempos y en la que él aún creía. Si la órbita del cometa era como él creía, el viaje que a través de dicha órbita emprendiera el cuerpo celeste destrozaría todas las esferas aristotélicas. Tenía que pensar una solución. El sistema en el que confiaba se revolvía contra él mismo. 

4.- EL NUEVO SISTEMA

En la faceta astronómica Tycho Brahe hizo multitud de observaciones astronómicas que le permitieron detectar que los movimientos lunares variabancalculó la longitud de un año con un error que no llegaba a un segundo, y observó todos los movimientos planetarios. Por lo demás en la isla de Hven se sucedían todo tipo de visitas de aristócratas y gobernantes, en un devenir de grandes cenas, dispendios, todo tipo de lujos y con su bufón Jepp haciendo payasadas constantemente. En la sombra, los antiguos habitantes de Hven pasaron a ser tratados con mayor dureza a medida que pasaban los años desde la llegada del astrónomo a la isla. A veces cruelmente. Brahe llegó a tener acongojado hasta al propio rey Federico II del que se mofaba cada vez que creía oportuno y los efectos del alcohol hacían mella en él.  Entretanto, buscó las soluciones a su nuevo sistema.


Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar, y mucho. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó.  Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el  heliocéntrico. Según éste, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se  habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus, (al que Brahe le acusó en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584), y también por un tal Helisaeus Roeslin. 


Brahe desarrolló una apasionada carrera astronómica pero aún le esperaban nuevos destinos y nuevos "amigos"...